
Gracias, Espíritu creador, porque transformas continuamente nuestro caos en cosmos; porque has visitado nuestras mentes y has llenado de gracia nuestros corazones.
Gracias porque eres nuestro consolador, don supremo del Padre, el agua viva, el fuego, el amor y la unción espiritual.
Gracias por los infinitos dones y carismas que, con dedo poderoso de Dios, has distribuido entre los hombres; tú, promesa cumplida del Padre y siempre por cumplir.
Gracias por las palabras de fuego que jamas has dejado de poner en la boca de los profetas, los pastores, los misioneros y los orantes.
Gracias por la luz de Cristo que has hecho brillar en nuestras mentes, por su amor que has efundido en nuestros corazones, y la curación que has realizado en nuestros cuerpos enfermos.
Gracias por haber estado a nuestro lado en la lucha, por habernos ayudado a vencer al enemigo, o a volver a levantarnos tras la derrota.
Gracias por haber sido nuestro guía en las difíciles decisiones de la vida y habernos preservado de la seducción del mal.
Gracias, finalmente, por habernos revelado el rostro del Padre y enseñado a gritar : ¡Abba!
Gracias porque nos impulsas a proclamar: "¡Jesús es el Señor!".
Gracias por haberte manifestado a la Iglesia de los Padres y a la de nuestros días como el vinculo de unidad entre el Padre y el Hijo, objeto inefable de so "conspiración" de amor, soplo vital y fragancia de unción divina que el Padre transmite al Hijo, engendrandolo antes de la aurora.
Simplemente porque existes, ahora y para toda la eternidad, Espíritu Santo, ¡Te damos gracias!

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