sábado, 5 de marzo de 2011

Acción del Espíritu Santo en el creyente


La acción del Espíritu Santo en la persona tiene la misión de realizar una obra de santificación completa, hasta alcanzar la imagen y semejanza que Dios le dio en la creación y que el hombre perdió por el pecado. Él actúa en todo el ser de la persona, ya que esta es un ser completo en el desarrollo de sus tres dimensiones que son:
En primer lugar en su dimensión racional e intelectiva la mente.
En segundo lugar en su dimensión que es señalada como corazón.
En tercer lugar en su dimensión corporal señalada como cuerpo.
 El Espíritu, basándonos en el principio de que "Aquello que no ha sido asumido por el Verbo, no esta salvado" así también podemos decir que "Aquello que no ha sido tocado por el Espíritu Santo, no esta santificado" ya que sin el Espíritu Santo no hay santificación. 
El Espíritu santo actúa directamente sobre todo el hombre: mente, corazón y cuerpo. En cada una de ellas actúa con el don apropiado:
      -Para la mente la luz.
      -Para el corazón el amor.
      -Para el cuerpo la salud
Vamos a ver como obra el Espíritu Santo en cada una de estas partes con el fin de santificar al hombre tocado por Él.

En la Mente: Como podemos ver la Luz es siempre atribuida en las Sagradas Escrituras a Dios como vemos en la primera carta de Juan:
"Este es el mensaje que hemos recibido de él y que les anunciamos a ustedes: que Dios es luz y que en él no hay tinieblas." 1 Jn. 1, 5
El Espíritu Santo es Dios, y como decimos en la secuencia que se lee en Pentecostés, donde se le invoca como "Luz que penetras las almas"; se le pide "manda tu luz desde el cielo"  " entra hasta el fondo del alma divina luz y enriquécenos". Es luz para la mente ya que se considera que el alma esta compuesta por corazón y mente.
Este símbolo de Luz esta referido a ser principio de conocimiento, fuente de verdad. Esta relación la vemos también dada a conocer por el mismo Jesucristo en el Evangelio de Juan:
"Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.Cuando venga el Espíritu de la Verdad,él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo." Jn16,12-13
También en la primera carta de San Pablo a los Corintios nos habla de esta función realizada por el Espíritu Santo:
"Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman. Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta las profundidades de Dios. ¿Quién puede conocer lo más íntimo del hombre, sino el espíritu del mismo hombre? De la misma manera, nadie conoce los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que reconozcamos los dones gratuitos que Dios nos ha dado. Nosotros no hablamos de estas cosas con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino con el lenguaje que el Espíritu de Dios nos ha enseñado, expresando en términos espirituales las realidades del Espíritu. El hombre mundano no capta las cosas del Espíritu de Dios: carecen de sentido para él y no puede entenderlas, porque solo a la luz del Espíritu pueden ser discernidas." 1Co. 2, 9-14                                                                                                       
Este es el fundamento bíblico de la imagen de "Luz". Pero también la experiencia de la Iglesia contribuye a enriquecer el conocimiento del Espíritu Santo como por ejemplo lo que nos dice 
San Atanasio que, en sus cartas a Serapio, lo define como:
 "Fuerza de santificación y de iluminación" 
También San Basilio sobre el Espíritu Santo escribe:
"El Espíritu Santo es origen de la santificación, luz inteligible que a toda criatura racional confiere cierta iluminación para buscar la verdad....."
Esta misma experiencia vivida por San Cirilo de Jerusalén nos la transmite en su Catequesis, donde nos habla de esta manera sobre el Espíritu Santo:
"Avisan de su llegada los rayos brillantes de luz y de ciencia.....  Aquel que ha sido considerado digno del don del Espíritu Santo: se ilumina su ánimo y, colocándose más allá de lo humano, ve ahora lo que ignoraba." 
¿Que es y que es lo que ilumina la luz del Espíritu Santo?
Es un a luz infusa, sobrenatural, a la que el hombre no tiene acceso si no es "por una gratuita ayuda divina que lo mueve interiormente". Esta luz no es solo el Don de la fe, por el que creemos en las verdades reveladas, sino que es la que nos capacita para penetrar más profundamente los misterios de Dios. Nos permite captar "El esplendor de la verdad" y gozar de su íntima dulzura. Es luz de fe y de gracia a la vez. Se identifica con el don de la sabiduría y de la inteligencia. Como hemos leído en la carta de San Pablo:
"para que reconozcamos los dones gratuitos que Dios nos ha dado." 1 Co 2, 12
San Pablo nos dice que Él nos ilumina y nos hace conocer "las profundidades de Dios". Conocer aquí significa más que saber, quiere más bien decir admirar con gratitud, ver con claridad poseer, gustar.
¿Que es lo que ilumina? 
El Espíritu Santo enciende en nuestra mente la luz de Cristo, hace presente al mismo Jesús que dijo:
"Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida»." Jn 8, 12
El Espíritu Santo ilumina también los ojos de nuestra mente "con un espíritu de revelación" como nos dice en la carta a los Efesios:
"Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza." Ef. 1, 17-18
El Espíritu nos ilumina de una forma extraordinaria para comprender las Escrituras nos lo dice el mismo Evangelio de San Lucas:
"Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a mí.» Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras." Lc. 24,45
Esto es muy cierto, la Escritura, dice la Dei Verbum, "tiene que ser leída e interpretada con la ayuda del propio Espíritu mediante el cual ha sido escrita". 
Con la luz del Espíritu Santo la palabra de las Escrituras cobra vida, se transforma en una palabra "Viva y eficaz". Como nos dice el Señor a través de la carta a los hebreos:
"En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, las articulaciones y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos. No hay criatura a la que su luz no pueda penetrar..."  Hb. 4, 12
Pero San Pablo después de decirnos que nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios para conocer lo que Dios gratuitamente nos ha dado, añade que este Espíritu Santo encuentra un obstáculo decisivo en este proceso:
"El hombre mundano no capta las cosas del Espíritu de Dios: carecen de sentido para él y no puede entenderlas, porque solo a la luz del Espíritu pueden ser discernidas."  1 Co 2, 14
¿Que hacer para superar estos obstáculos?  
Purificarse porque hay una relación muy estrecha entre pureza y conocimiento de Dios. El hombre mundano es el que se deja guiar por sus instintos, pensamientos y deseos.
En el Libro de la Sabiduría leemos:
"¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor? Los pensamientos de los mortales son indecisos y sus reflexiones, precarias, porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma y esta morada de arcilla oprime a la mente con muchas preocupaciones." Sab. 9, 13-15 
Por eso debemos hacer como nos dice a través de San Pablo a los Efesios, despojarnos del hombre viejo corrompido y revestirnos del hombre nuevo renovado y purificado:
"...despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad." Ef. 4, 22-24
Porque solo los limpios de corazón podrán ver a Dios, y además ser felices o dichosos, esto requiere que tenemos que tomar en serio la lucha por la pureza.
“Felices los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios.”  Mt. 5, 8
Después de esta reflexión, debemos consagrar nuestra mente al Espíritu Santo, esto significa entregar. Decidir que no queremos utilizar, a partir de ahora, nuestra mente si no es para el conocimiento de la verdad y para la gloria de Dios.                                                                           
En el Corazón: En las Sagradas Escrituras encontramos una maravillosa afirmación sobre Dios en la primera carta de San Juan:
"El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor. Por nuestra parte, hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es amor: el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él."  1 Jn 4,8.16

Esto mismo amor nos ha sido dado abundantemente como podemos leer en la carta de San Pablo a los Romanos:"....porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Rm. 5, 5
Ya desde el Antiguo Testamento, en el profeta Jeremías, Dios nos promete que:
"... esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días oráculo de Yahvé: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo." Jr. 31, 33 
Desde entonces nos está anunciando la novedad de una Nueva Alianza con respecto a la Antigua ley que estaba "escrita en tablas de Piedra" como nos dice en el Libro del Éxodo:
"Después de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios."  Ex. 31, 18
Pero el Profeta Ezequiel nos da mayor claridad de como se nos va a dar esa Nueva Alianza:
"Y os daré un corazón nuevo,infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas."Ez.36,26-27
San Pablo completa y aclara como se producirá este milagro de Amor tan inmenso:
"Vosotros sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones."2 Co3,3                                                                                                                                                                                                                    
En la carta a los Romanos ya nos habla de una ley del Espíritu que da vida en Cristo:
"Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte."   Rm. 8, 2
La Palabra de Dios ha querido decirnos con todo esto que el Espíritu Santo es la nueva ley, escrita verdaderamente en nuestros corazones por el dedo de fuego de Dios, pero esta vez no sobre tablas de piedra sino en la tablas de carne que son los corazones de los hombres, purificados por la sangre de Cristo; que el Espíritu Santo es el principio que da vida  ala Nueva Alianza.
La ley nueva, que es el Espíritu Santo, actúa, a través del amor. El temor servil es sustituido por el amor filial. En lo más hondo del corazón humano se produce un cambio radical y de sus labios sale, movido por el Espíritu la palabra Padre, Abba, Como nos dice San Pablo en la carta a los Romanos:
"Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!"   Rm. 8, 15
El hombre en Cristo llega a se verdaderamente "divinizado" puesto que en el es hijo y esta movido por el Espíritu Santo. Como nos dice el mismo San Pablo en el versículo 14 de la carta  a los romanos capitulo 8:
"En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios." Rm. 8, 14
En el Cuerpo:

El hombre no tiene un cuerpo, es un cuerpo. El cuerpo no esta excluido del gran banquete del Espíritu.
El cuerpo para la Biblia forma parte integrante del se humano, ha sido creado por Dios, plasmado por sus propias manos; ha sido asumido por el Verbo en la encarnación y santificado por el Espíritu Santo en el bautismo.
 Es el templo del Espíritu Santo como nos dice San Pablo en su primera carta a los corintios:
“¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario.”1Co3,16                                                                                                                   
 Y en esa misma carta nos lo repite en el capitulo seis:   
“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? ¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.”   1 Co 6,19-20
Por esta razón debemos, y así lo hacemos, pedir al Espíritu que venga en ayuda de la debilidad de nuestros cuerpos mortales.
Dos cosas pedimos, principalmente, al Espíritu para el cuerpo: La fuerza y la curación. El Espíritu Santo no se limita a darnos fuerza en nuestra debilidad, a sanar nuestras heridas y subsanar los desgastes de nuestro organismo, sino que libera nuestro cuerpo de su misma precariedad y prepara su plena y definitiva redención. Nos lo dice a través de San Pablo a los romanos:
“Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo." Rm. 8, 22-23                                                         
Y en su segunda carta a los corintios nos dice:
“¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos abrumados. No es que queramos quedar desnudos, sino más bien revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos ha dado en prenda el Espíritu.”  2 Co. 5, 4-9 
Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión... Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera de él, nos afanamos por agradarle.
Pidamos pues al Espíritu Santo que transfigure nuestro mísero cuerpo en un cuerpo glorioso como el de Cristo:
“Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas.  Fil. 3, 20-21
Y que un día haga revivir nuestros cuerpos mortales:
“Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros. Rm. 8, 11
En el Evangelio numerosos textos, aproximadamente una tercera parte, nos narran las múltiples curaciones y las resurrecciones que realizaba Jesús, como demostración de que también el cuerpo es capaz de recibir la acción del Espíritu Santo de Dios.
Él no cura para demostrar algo, sino porque ha venido a salvar, porque tiene compasión de la gente, porque ama y quiere la libertad y la alegría de sus criaturas.
Al anuncio del Evangelio la acompañan entre otros signos y prodigios las curaciones. Lo vemos en el San Lucas:
“Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Lc 9, 1-2
En la carta de Santiago vemos claramente la importancia que tenia la oración hecha con fe por los enfermos:
“¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.St.5,14-15                                           
¡Ven Espíritu Santo! Llena nuestras
Mentes de la Luz de tu Verdad.

¡Ven Espíritu Santo! Llena nuestros
Corazones del fuego de tu amor.
¡Ven Espíritu Santo! da a nuestros
Cuerpos el vigor de tu Resurrección.










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